La presidenta Laura Fernández ha respondido contundentemente al magistrado Jorge Araya, quien había expresado preocupación por un posible deslizamiento hacia el autoritarismo. Fernández rechazó las acusaciones, instando a Araya a reconocer su clara victoria en las elecciones. La mandataria enfatizó que su triunfo fue amplio y decisivo, refiriéndose a él como una "goleada". Esta respuesta pública surge tras las advertencias del magistrado sobre un posible peligro para las instituciones democráticas. La tensión entre ambos actores pone de manifiesto las divisiones políticas post-electorales. La situación plantea un debate sobre los límites de la crítica y el respeto al resultado electoral. Se espera que este intercambio genere más reacciones en el espectro político nacional.

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