Un trabajador humanitario neozelandés ha planteado la necesidad de revisar las normas que rigen los conflictos armados, sugiriendo incluso la posibilidad de armar a los trabajadores de ayuda. Su experiencia en zonas de conflicto lo ha llevado a creer que la protección actual es insuficiente y que la neutralidad, a menudo, no garantiza la seguridad. Argumenta que la discusión sobre el armamento de los trabajadores humanitarios es crucial, dada la creciente violencia contra ellos. Esta propuesta busca evitar que la asistencia se interrumpa debido a la inseguridad y permitir un acceso más efectivo a las poblaciones necesitadas. El profesional enfatiza que la conversación debe ser compleja y considerar las implicaciones éticas y prácticas. Su testimonio busca generar un debate sobre cómo proteger mejor a quienes brindan ayuda en zonas de guerra.