Durante un desfile real, el Rey Carlos III fue visto luciendo pulseras de la cantante Taylor Swift, obsequio de su nieta, la Princesa Charlotte. La afición de la princesa por la artista estadounidense es bien conocida, y aparentemente contagió a su abuelo. Las pulseras, un elemento distintivo entre los seguidores de Swift, fueron notadas por los asistentes y rápidamente se viralizaron en redes sociales. Este gesto inusual ha generado comentarios sobre la cercanía familiar y los intereses compartidos dentro de la realeza británica. El Palacio de Buckingham no ha emitido declaraciones al respecto. El incidente añade un toque de modernidad y cercanía a la imagen pública de la monarquía.