Daniel Kinahan, líder de un cártel actualmente en el exilio, ha desestimado una recompensa de 5 millones de dólares ofrecida por su captura, calificándola de “una locura”. Kinahan afirma que regresará a su país y que incluso viajará en clase económica si es necesario. Sus declaraciones sugieren que no teme ser arrestado. Además, insinúa que su vida podría estar en peligro si fuera detenido, declarando que "no es suicida", lo que implica una posible amenaza si cayera en manos de las autoridades. Esta actitud desafiante se produce en un contexto de intensos esfuerzos para desmantelar su red criminal. La situación plantea interrogantes sobre su seguridad y sus planes futuros.

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