El funeral del líder iraní, fallecido en los ataques de febrero, había sido programado inicialmente para marzo. Sin embargo, la ceremonia ha sido pospuesta debido a la actual guerra que asola al país. No se ha especificado la naturaleza de los ataques de febrero que causaron su muerte. La decisión de aplazar el funeral refleja las dificultades logísticas y de seguridad impuestas por el conflicto bélico en curso. Una nueva fecha para el entierro aún no ha sido anunciada por las autoridades iraníes. La situación bélica impide la realización de un acto fúnebre digno y seguro para los asistentes. El funeral ha sido reprogramado para el 9 de julio.