Cinco años después de la retirada de las fuerzas estadounidenses de Afganistán, los talibanes mantienen el control de Kabul, marcando un fracaso de la intervención occidental. La situación humanitaria es crítica, especialmente para la población femenina, que sufre restricciones severas en sus derechos y libertades. La caída de la ciudad en agosto de 2021 evidenció una debacle para las potencias occidentales que invadieron el país en 2001. El regreso al poder talibán ha sumido a Afganistán en una profunda crisis política, económica y social. La comunidad internacional observa con preocupación el deterioro de los derechos humanos y la falta de perspectivas de futuro para muchos afganos. Esta situación plantea interrogantes sobre el legado de la intervención extranjera y la responsabilidad de la comunidad global hacia el pueblo afgano.