Javier Oropeza, alcalde legítimo del municipio Torres en el estado Lara, Venezuela, está siendo perseguido debido a su eficiente y honesta gestión. El régimen venezolano, según el artículo, prefiere recompensar la maldad y castiga a quienes actúan con integridad en sus funciones. La gestión de Oropeza ha sido vista como una amenaza por el gobierno, lo que ha provocado su persecución. El artículo implica una denuncia sobre la cultura de corrupción y la represión política en Venezuela. La situación de Oropeza ejemplifica cómo el régimen penaliza la eficiencia y la honestidad en el ejercicio del cargo público. Se sugiere una conexión directa entre el buen desempeño de Oropeza y la hostilidad del régimen hacia él.

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