Los aficionados japoneses han destacado en cada edición de la Copa Mundial por su costumbre de limpiar los estadios tras los partidos. Esta práctica se considera una manifestación de su cultura, que prioriza la conciencia comunitaria y el respeto por los espacios públicos. La iniciativa refleja un sentido de responsabilidad hacia los demás y un compromiso con el mantenimiento del orden. Más allá de la limpieza física, el gesto simboliza la educación cívica y el aprecio por el entorno. Esta tradición ha generado admiración y reconocimiento internacional, convirtiéndose en un sello distintivo de los seguidores japoneses en los eventos deportivos. Se percibe como una forma de agradecimiento por la sede y una contribución al bienestar colectivo.
