Tras el partido inaugural de Japón en el Mundial, numerosos aficionados permanecieron en las gradas del estadio de Dallas. De manera espontánea, comenzaron a recoger botellas de plástico y otros residuos que habían quedado abandonados por los espectadores. Los aficionados utilizaron bolsas de basura azules que habían llevado consigo, demostrando un compromiso con la limpieza y el medio ambiente. Esta acción ha sido ampliamente elogiada en redes sociales y medios de comunicación internacionales. El gesto refleja la cultura japonesa de respeto por los espacios públicos y la consideración hacia los demás. La iniciativa se ha convertido en un símbolo de deportividad y civismo durante el torneo. La imagen de los aficionados japoneses limpiando el estadio ha generado un impacto positivo a nivel global.