Desde la Copa Mundial de 1998, los aficionados japoneses han destacado por su costumbre de limpiar los estadios tras los partidos. Esta práctica se ha convertido en una tradición reconocida a nivel internacional, simbolizando el respeto por los espacios públicos y la cultura de responsabilidad de los seguidores nipones. La iniciativa no es organizada oficialmente, sino que surge espontáneamente entre los aficionados. Tras cada encuentro, se les puede ver recogiendo basura y dejando las gradas impecables. Esta acción ha generado admiración y ha sido ampliamente difundida en redes sociales y medios de comunicación. La persistencia de esta costumbre en cada Mundial refuerza la imagen positiva de los aficionados japoneses y su compromiso con el medio ambiente.
