El reciente terremoto en el suroeste de Japón, aunque no causó daños estructurales significativos en algunas viviendas, ha dejado profundas secuelas emocionales en los residentes. Hirosuke Shimada y su familia, a pesar de que su casa se mantuvo en pie, son incapaces de dormir en su interior debido al miedo generado por las fuertes sacudidas. Esta situación los ha obligado a vivir en una tienda de campaña en el jardín de su propiedad. Este caso ilustra el impacto psicológico del desastre, que va más allá de los daños materiales. El temor y la ansiedad impiden a muchos regresar a la normalidad inmediatamente después del sismo. La necesidad de apoyo emocional y asistencia para los desplazados se vuelve crucial en la reconstrucción post-terremoto. La experiencia de Shimada y su familia refleja la realidad de muchos otros afectados en la región.

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