El alcalde de una localidad italiana, donde la población canina supera a la infantil, ha propuesto una medida controvertida para aumentar los ingresos municipales. La iniciativa consiste en gravar a los propietarios de perros con un impuesto de 20 euros anuales. El edil justifica la medida argumentando que los perros no contribuyen al sistema de pensiones. La propuesta busca aliviar la presión financiera sobre las arcas públicas locales, afectadas por el envejecimiento de la población y la baja natalidad. La medida ha generado debate entre los residentes y asociaciones de defensa animal. Se espera que el consejo municipal discuta y vote sobre la propuesta en las próximas semanas.