Dos jóvenes italianos se embarcaron en una audaz aventura: cruzar el Océano Atlántico en automóviles especialmente diseñados para flotar. Este insólito viaje fue motivado por el último deseo de su padre, quien lamentablemente está al final de su vida. La travesía representó un emotivo homenaje y un intento de cumplir la promesa hecha al progenitor. Los jóvenes modificaron dos vehículos para que pudieran flotar y navegar por el océano abierto. Aunque los detalles específicos del viaje son escasos, la iniciativa destaca por su valentía y el profundo amor filial que inspiró esta osada empresa. La historia ha captado la atención internacional, simbolizando la determinación de cumplir los sueños de un ser querido.