Una discusión se originó en una playa de Trieste, Italia, conocida por ser la única en Europa que separa a hombres y mujeres mediante una barrera física. La confrontación comenzó cuando una pareja de turistas italianos cuestionó la práctica, calificándola de medieval y criticando a la ciudad por mantener esta tradición. Las autoridades locales defienden la segregación como una costumbre arraigada que garantiza la comodidad de todos los bañistas. El incidente ha generado debate sobre la modernidad y las tradiciones en la costa italiana. La playa de Trieste ha mantenido esta división por género durante décadas, atrayendo tanto a defensores como a detractores de la práctica. Las autoridades no han anunciado cambios en la normativa a raíz de la polémica.