El ejército de Israel mantiene el control sobre diversas zonas agrícolas en el sur de Líbano. Debido a este despliegue, los agricultores locales se encuentran imposibilitados de acceder a sus propias tierras. A pesar de haber llegado la temporada de cosecha, los militares abren fuego contra quienes intentan ingresar a los campos. Esta situación impide la recolección de los productos agrícolas esenciales para la economía de la zona. Como consecuencia, los campesinos están perdiendo sus principales fuentes de sustento económico. La tensión persiste mientras los cultivos quedan abandonados por el riesgo letal de los enfrentamientos. El bloqueo efectivo de las tierras agrícolas agrava la crisis alimentaria y financiera de las familias afectadas.
