Israel se mantiene observando el enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán, una situación que, por el momento, considera favorable. Teherán está enfocado en controlar el Estrecho de Ormuz, y un ataque a Israel no contribuiría a este objetivo. A pesar del retorno a la normalidad, no se vislumbra una solución al largo plazo para la amenaza que representa Irán. La estrategia israelí parece ser la de esperar y observar la evolución del conflicto entre las dos potencias. Jerusalén prioriza sus propios intereses y percibe que la actual dinámica le permite mantenerse al margen de una confrontación directa. No obstante, la amenaza iraní persiste y no existen perspectivas de una resolución inminente. El estatus quo, aunque precario, se mantiene por ahora.