El partido de la Nations League entre Irlanda e Israel estuvo profundamente afectado por las protestas en relación con el conflicto en Gaza. Los jugadores irlandeses se negaron a dar la mano a sus contrapartes israelíes como muestra de solidaridad con Palestina. Además, se reportaron cánticos racistas por parte de aficionados israelíes, los cuales, según informes, no serán investigados. Esta situación generó un ambiente tenso y criticado, descrito por algunos como una "farsa desoladora". La negativa irlandesa al apretón de manos y los cánticos ofensivos pusieron de manifiesto la politización del deporte y las fuertes opiniones respecto al conflicto. El incidente ha provocado indignación y llamados a acciones más firmes contra el racismo en el fútbol. El partido se desarrolló en un clima de protesta y controversia, eclipsando el aspecto deportivo.