El ejército iraquí ha reiterado su compromiso con la política gubernamental de centralizar el control de todas las armas en manos del Estado. Esta afirmación subraya la determinación de las fuerzas armadas de imponer una autoridad soberana en todo el territorio nacional. La iniciativa busca consolidar la seguridad y estabilidad, impidiendo la proliferación de armamento fuera del control estatal. Funcionarios militares aseguran que esta medida es inapelable y esencial para el futuro del país. La implementación de este plan representa un paso crucial hacia la reconstrucción de las instituciones iraquíes y la garantía de un monopolio legítimo de la fuerza. Se espera que esta política reduzca la influencia de grupos armados no estatales y promueva un entorno más seguro para la población. El ejército enfatizó que la medida es irreversible.

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