Una posible distensión entre Estados Unidos e Irán podría ofrecer a Irak una oportunidad para abordar desafíos políticos y de seguridad de larga data. El país se encuentra atrapado en medio de la rivalidad regional entre ambas potencias, sufriendo las consecuencias de la inestabilidad. Una mejora en las relaciones entre Washington y Teherán podría permitir a Irak enfocarse en sus problemas internos, como la formación de un gobierno estable y la lucha contra el terrorismo. Expertos sugieren que Irak podría jugar un papel de mediación en futuras negociaciones. La situación actual impacta negativamente la economía iraquí y limita su capacidad de desarrollo. Cualquier avance en la reducción de tensiones se percibe como una oportunidad para fortalecer la soberanía y la estabilidad del país.
