La selección iraní de fútbol empató 2-2 con Nueva Zelanda en un partido disputado en Los Ángeles. Tras el encuentro, el equipo se enfrentó a un viaje inmediato y prolongado hacia México, generando críticas del entrenador Ghalenoei por la falta de tiempo para la recuperación física de los jugadores. Este partido se desarrolló en un contexto de tensiones políticas y medidas de seguridad estrictas. Diversas selecciones participantes en el torneo han expresado quejas similares sobre las restricciones y el impacto negativo en la experiencia de los atletas. La logística del torneo ha sido cuestionada debido a estas dificultades impuestas a los equipos. El empate refleja un resultado competitivo a pesar de las circunstancias adversas que rodean al equipo iraní.
