El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, destacó que el líder mártir de la Revolución Islámica, el Ayatolá Seyyed Ali Jamenei, fue un modelo para distinguir entre el bien y el mal. Ghalibaf enfatizó que la “gestión yihadista”, un enfoque de servicio, fue una misión central en el legado del Ayatolá. Esta gestión se caracterizó por un compromiso con el servicio público y trascendió las jerarquías organizacionales dentro del país. La relación del Ayatolá con funcionarios y fuerzas, según Ghalibaf, no se limitaba a estructuras formales. Su liderazgo se basó en un compromiso profundo con el bienestar del pueblo iraní y una visión de servicio desinteresado. Ghalibaf consideró su influencia perdurable como una guía moral y práctica para el futuro.