Durante el partido de fútbol entre Irán y Nueva Zelanda, se evidenciaron fuertes divisiones entre los aficionados iraníes presentes en el estadio. Algunos manifestantes expresaron su rechazo al equipo nacional, acusándolo de ser un representante del régimen político. Estos aficionados corearon consignas en contra del equipo, distanciándose de su representación. Otros, en cambio, reaccionaron con indiferencia ante las protestas, instando a no mezclar el deporte con la política. La celebración de los goles de Nueva Zelanda por parte de algunos aficionados se interpretó como una muestra de apoyo a la oposición, utilizando banderas con el león y el sol, un símbolo histórico de Irán previo a la revolución. El incidente refleja las profundas tensiones sociales y políticas que atraviesa Irán, incluso en eventos deportivos internacionales. La situación pone de manifiesto la polarización existente dentro de la sociedad iraní.
