Dos manifestantes iraníes fueron ejecutados públicamente en Isfahán al amanecer del 28 de julio, generando una fuerte reacción en la población. Cientos de personas se congregaron en la plaza Alikhani, lugar donde se había preparado un escenario para la ejecución. Contrariamente a lo esperado, los presentes corearon consignas en contra de la policía y del gobierno, mostrando su disconformidad. Las fuerzas antidisturbios intervinieron para dispersar a la multitud, reprimiendo las protestas espontáneas. Estos eventos marcan una escalada en la represión de las protestas en el país. La ejecución pública, en lugar de intimidar, avivó el descontento popular y la oposición al régimen. La reacción de la población demuestra un creciente rechazo a las políticas represivas del gobierno iraní.

English
Français
Español
हिन्दी
中文