La selección iraní disputó su primer partido en un Mundial en suelo estadounidense, generando gran expectación en Teherán. A pesar del horario inusual –el partido comenzó a las 4:30 de la madrugada–, decenas de aficionados se congregaron en uno de los pocos cafés abiertos para seguir el encuentro contra Nueva Zelanda. El ambiente se caracterizó por un silencio respetuoso durante el himno nacional y estallidos de júbilo con cada gol. El partido se desarrolla en un contexto de tensión política entre Irán y Estados Unidos, uno de los países anfitriones del torneo. Los aficionados expresaron curiosidad y optimismo sobre el desempeño de su equipo en el Mundial. La transmisión del partido despertó el interés de la capital iraní, a pesar de que la mayoría de la población se encontraba durmiendo.
