Las autoridades iraníes han ejecutado a dos hombres en público en la ciudad de Malekshahr, acusados de "combatir a Dios". Los individuos fueron condenados por secuestrar y prender fuego a agentes de policía durante las recientes protestas antigubernamentales. Esta ejecución pública representa una escalada significativa en la represión de las manifestaciones que sacuden al país. La sentencia y su ejecución se llevaron a cabo frente a una multitud, como un claro mensaje disuasorio. Organizaciones de derechos humanos han condenado enérgicamente estas ejecuciones, calificándolas de violaciones flagrantes de los derechos humanos. Este acto intensifica las tensiones internas y la preocupación internacional sobre la situación en Irán.

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