Durante el Mundial de Fútbol en Estados Unidos, un partido entre las selecciones de Irán y Egipto, denominado extraoficialmente como un "Pride Match", generó atención inesperada. La intención original era promover la visibilidad y el apoyo a la comunidad LGBTQ+, sin embargo, la participación de estos dos países, con legislaciones restrictivas en cuanto a derechos LGBTQ+, generó controversia. El encuentro deportivo se desarrolló sin incidentes mayores, pero simbolizó un contraste entre los valores promovidos por la organización del mundial y las realidades políticas y sociales de los países participantes. La denominación "Pride Match" fue objeto de debate, considerando las leyes y costumbres de Irán y Egipto. El resultado deportivo del partido no fue el foco principal, sino el simbolismo del evento y la discusión que suscitó. La situación plantea interrogantes sobre la inclusión y la representación en eventos deportivos internacionales.