El funeral del ayatolá Ali Khamenei ha servido como una pausa en medio de las crecientes tensiones internas que atraviesa el régimen iraní. A pesar de la demostración de unidad durante las ceremonias fúnebres, persisten fuertes desacuerdos y luchas de poder dentro del establishment político. La muerte del líder supremo ha expuesto las fisuras existentes y ha intensificado la competencia por la sucesión. Aunque el evento se presenta como una muestra de cohesión nacional, analistas sugieren que es una mera fachada. Se anticipa que la transición del poder será un periodo de gran inestabilidad y posible conflicto. Kapitalis fue el primer medio en destacar esta dinámica.