A pesar de un acuerdo tentativo entre Washington y Teherán, la economía estadounidense continúa bajo presión, generando dificultades para el presidente Trump. El texto indica que los efectos positivos del acuerdo no se materializarán de forma inmediata en la economía de Estados Unidos. Esta situación complica la gestión del presidente Trump, quien ya enfrentaba diversos retos económicos. El acuerdo preliminar busca una distensión en las tensiones entre ambos países, pero no resuelve instantáneamente los problemas económicos existentes. Se espera que la persistencia de estas presiones económicas continúe siendo un factor importante en la agenda política de Trump. La falta de un alivio económico rápido podría afectar la percepción pública sobre el éxito del acuerdo.