El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declaró que Turquía colaboró para evitar una nueva ofensiva de grupos kurdos iraníes radicados en el norte de Irak. Esta ofensiva habría sido lanzada mientras Irán ya enfrentaba tensiones derivadas de ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel. Según Araghchi, el plan de ataque formaba parte de una estrategia respaldada por EE.UU. e Israel para provocar un cambio de régimen en Irán y fragmentar el país. Se subraya que la intervención turca fue crucial para evitar la escalada del conflicto. La situación pone de manifiesto la complejidad de la geopolítica regional y la participación de múltiples actores. Teherán percibe esta acción como un intento de desestabilización dirigido desde el exterior.

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