Tras seis meses de ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, que resultaron en la muerte de su líder supremo y heridas graves a su hijo y sucesor, el conflicto ha llegado a una fase final. Aunque el gobierno iraní sufre un asedio económico severo, aún mantiene el poder y confía en tener tiempo para maniobrar. La situación actual se describe como un costoso punto muerto, sugiriendo que ninguna de las partes ha logrado una victoria decisiva. A pesar de las presiones, Irán se mantiene firme. Esta fase final del conflicto indica una prolongada inestabilidad en la región. Las consecuencias económicas de esta guerra son significativas para todas las partes involucradas.

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