La empresa Interra, con sede en Singapur, se retiró de un proyecto petrolero en Myanmar, vendiendo su participación a una compañía vinculada a China. Esta decisión se produce después de fuertes presiones por las sanciones internacionales impuestas al régimen birmano. Interra había sido acusada de socavar dichas sanciones al suministrar millones de barriles de petróleo de producción nacional al gobierno. La venta de la participación implica un cambio significativo en la inversión extranjera en el sector energético de Myanmar. Analistas sugieren que la operación podría consolidar la influencia china en el país. La salida de Interra subraya el creciente escrutinio sobre las empresas que operan en Myanmar tras el golpe de estado militar. Esta transacción genera preocupación sobre el futuro del cumplimiento de las sanciones y el flujo de ingresos hacia el régimen.

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