El Mundial de Fútbol de 2026, que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México, representa una apuesta arriesgada impulsada principalmente por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. La elección de esta sede conjunta, en lugar de opciones más tradicionales, ha generado debate y cuestionamientos sobre el proceso de selección. El artículo original analiza cómo Infantino, quien ejerce un control significativo sobre la FIFA, logró concretar este proyecto. Se investiga el alcance de su influencia y las circunstancias que permitieron que su visión se materializara. La candidatura conjunta fue aprobada a pesar de las dudas sobre la infraestructura y la logística en algunos de los países anfitriones. El evento se percibe como un proyecto personal de Infantino, marcando su liderazgo en la organización. La pregunta central es cómo un solo hombre pudo influir tanto en la decisión final.
