El artículo analiza la creciente crisis de legitimidad de las instituciones internacionales actuales. Sostiene que ni el monopolio moral de la Corte Penal Internacional ni la coerción financiera de Estados Unidos son sostenibles. El conflicto sobre las sanciones impuestas a diversos jueces evidencia el desgaste de un sistema ya obsoleto. Se plantea que el mundo se encamina hacia un nuevo orden donde estas hegemonías no tengan control. La tensión actual refleja un choque entre el derecho internacional selectivo y la realidad geopolítica. En última instancia, se argumenta que el exceso de poder de Washington ya no es aceptado globalmente. Este cambio sugiere una transición hacia una gobernanza global más equilibrada y menos sesgada.