Un hombre, conocido como "El Flanero", ha cedido el control de su vida digital a su esposa como medida de protección contra los excesos de internet. Reconoce la necesidad de una figura de autoridad para regular su tiempo de pantalla, similar a la que un niño podría necesitar. Esta inusual dinámica surge de la dificultad del hombre para moderar su propio uso de internet. Confía en su esposa para que le proporcione la contraseña cada vez que necesita acceder a la red. La situación revela una creciente lucha con la adicción a internet y la dificultad de los adultos para ejercer la autodisciplina en el mundo digital. Se presenta como una solución práctica, aunque poco convencional, para limitar el tiempo en línea. El relato explora la dinámica de poder y dependencia dentro de una relación moderna frente al desafío tecnológico.