El nuevo primer ministro húngaro, Péter Magyar, ha iniciado un cambio radical en su país en tan solo cien días. Su administración ha desmantelado estructuras clave del sistema establecido por su predecesor, Viktor Orbán, comparándolo abiertamente con redes criminales europeas. Magyar se muestra determinado e impulsivo en su misión de transformar Hungría. Su enfoque implica una ruptura deliberada con el pasado reciente del país, marcando el comienzo de una era diferente. Esta demolición metódica busca desarticular lo que se conoció como el estado "iliberal" de Orbán. El futuro político de Hungría pende de la efectividad y el alcance de estas reformas.
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