El nuevo jefe de gabinete de Hungría, Antal Rogán, está llevando a cabo una importante reforma en el gobierno, despidiendo a numerosos funcionarios de alto nivel nombrados durante la era de Viktor Orbán. Esta purga apunta a eliminar puestos considerados innecesarios y costosos, reduciendo así el gasto estatal. Informes sugieren que se han eliminado decenas de puestos bien remunerados en ministerios y agencias gubernamentales. La medida es vista por algunos como un intento de racionalizar la administración pública, mientras que otros la interpretan como una consolidación de poder por parte de Rogán. Sus detractores afirman que esta reforma podría erosionar la independencia institucional y limitar la transparencia gubernamental. El gobierno, sin embargo, defiende la reestructuración como una medida necesaria para mejorar la eficiencia y la responsabilidad. Esta acción marca un cambio significativo en la gobernanza húngara tras años de liderazgo de Orbán.