La ciudad húngara de Szentendre se enfrentó a una crisis de agua de tres días, obligando a sus residentes a depender de tanques de agua distribuidos en las calles. Esta situación se debió inicialmente a la extrema sequía que azota a Hungría. Sin embargo, el problema subyacente es la infraestructura hídrica envejecida y deteriorada del país. El incidente expone la vulnerabilidad del sistema de suministro de agua ante condiciones climáticas adversas. La falta de inversión y mantenimiento en la red han contribuido a esta crisis. El caso de Szentendre sirve como advertencia sobre la necesidad urgente de modernizar la infraestructura húngara. Se espera que eventos similares se repitan si no se toman medidas correctivas.