En los últimos años del gobierno de Orbán, se han realizado importantes inversiones en la construcción de tuberías de agua en Hungría. Sin embargo, estas infraestructuras no se destinan a mejorar el suministro de agua potable a la población de la región metropolitana de Budapest, que sufre interrupciones. Las tuberías, financiadas con decenas de miles de millones de forintos, benefician principalmente a las fábricas de baterías. Esta situación revela una disparidad en la asignación de recursos, priorizando el desarrollo industrial sobre las necesidades básicas de los ciudadanos. La falta de inversión en infraestructura para el agua potable genera preocupación entre los residentes, quienes experimentan dificultades en el acceso a este servicio esencial. La controversia destaca un posible desequilibrio en las prioridades de inversión del gobierno y sus consecuencias para la calidad de vida de la población.