El gobierno de Viktor Orbán ha destinó aproximadamente 250 millones de florines a proyectos en el extranjero en un periodo de diez meses. Estos fondos fueron gestionados a través de la Fundación Bethlen Gábor. La organización ha proporcionado apoyo financiero a diversas entidades situadas en Estados Unidos, Canadá y Japón. Entre los gastos reportados, destaca una partida destinada a la renovación de un mausoleo en Uruguay. Esta distribución de recursos ha generado controversia debido a la naturaleza de los proyectos financiados. El monto total refleja una estrategia de inversión cultural y diplomática fuera de las fronteras húngaras. Las autoridades han justificado estos desembolsos como una forma de preservar la herencia nacional. Sin embargo, el uso de fondos públicos para obras funerarias en el extranjero ha sido cuestionado.

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