Un nuevo estudio sugiere que la creciente prevalencia de la ansiedad y la sensación de desarraigo podrían ser resultado de la velocidad a la que cambia el mundo actual. Los investigadores argumentan que la evolución humana no ha podido seguir el ritmo de estas transformaciones, generando una brecha entre nuestras capacidades cognitivas y las demandas del entorno. Esta disparidad podría explicar el aumento de problemas de salud mental y la sensación generalizada de malestar. El estudio plantea que nuestro cerebro, diseñado para un ritmo de cambio mucho más lento, se ve sobrepasado por la constante innovación y la rápida evolución social. Esto genera estrés y dificulta la adaptación, contribuyendo a una sensación de alienación y pérdida de control. En esencia, el mundo evoluciona más rápido que nuestra capacidad de procesarlo.