La transformación de antiguos lugares de encuentro en bares de moda implica la pérdida de un espacio social valioso, según Roy-Are Coucheron Stene. Este fenómeno no solo afecta a la estética de los locales, sino que también conlleva la desaparición de dinámicas sociales arraigadas. La gentrificación nocturna, al priorizar el consumo y el entretenimiento comercial, desplaza a las comunidades que tradicionalmente utilizaban estos espacios. Se argumenta que estos lugares no eran simplemente interiores, sino escenarios de interacción y convivencia social. La pérdida de estos espacios impacta en la cohesión social y en la identidad de los barrios. Stene enfatiza la importancia de preservar estos entornos como parte del patrimonio social y cultural.
