A principios de octubre, dos semanas después de las primeras manifestaciones de estudiantes de secundaria en Francia, el gobierno francés había diseñado un plan de acción para responder a las protestas. Sin embargo, la implementación de este plan está resultando ser más complicada de lo anticipado. La estrategia gubernamental, inicialmente pensada para controlar la situación, se ha mostrado errática y ha sido incapaz de anticipar la evolución de las protestas estudiantiles. Esta falta de previsión ha tomado al gobierno por sorpresa. La dificultad radica en la rápida propagación de las movilizaciones y en la complejidad de las demandas de los estudiantes franceses. Se evidencia una falta de coordinación y una respuesta tardía a las acciones de los manifestantes. La situación plantea desafíos significativos para el gobierno francés.