Jean-Luc Mélenchon y su partido, La France Insoumise (LFI), están consolidando su base electoral mediante el apoyo activo a las movilizaciones de los liceos en Francia. Simultáneamente, LFI denuncia la violencia asociada a estas protestas estudiantiles. Esta postura, aunque busca fortalecer el apoyo popular, también implica una asociación con los excesos cometidos durante el movimiento. El apoyo a los bloqueos de los liceos se presenta como una estrategia de doble filo para LFI. La situación pone en riesgo la imagen del partido, al relacionarlo con actos violentos y desórdenes públicos. La estrategia podría resultar contraproducente si la opinión pública percibe una justificación tácita de la violencia. La consolidación del electorado se equilibra con la posibilidad de daños a la reputación del partido.