Filadelfia vivió un partido de octavos de final entre Francia y Paraguay bajo condiciones climáticas extremas. La temperatura superaba los 38 grados Celsius al inicio del encuentro, con una sensación térmica que alcanzaba los 41 grados. Este intenso calor se convirtió en un factor adicional en el desarrollo del juego, afectando presumiblemente el rendimiento de los jugadores. Las altas temperaturas generaron preocupación entre los equipos y los espectadores. El calor agobiante complicó la disputa del partido, añadiendo un desafío físico importante a la competencia. Analistas coinciden en que el clima extremo se sintió como un jugador más en la cancha.