Arthur Brooks, un experto en felicidad de la Universidad de Harvard, ha explicado los cambios que experimenta la inteligencia a partir de los 40 años. Según Brooks, existen dos tipos principales de inteligencia: la fluida, que disminuye con la edad, y la cristalizada, que aumenta. La inteligencia fluida se refiere a la capacidad de resolver problemas nuevos e innovar, mientras que la inteligencia cristalizada se basa en el conocimiento y la experiencia acumulados. El académico destaca que, aunque la inteligencia fluida puede declinar, las habilidades profesionales se ven impulsadas por el crecimiento de la inteligencia cristalizada. Esta evolución cognitiva implica una transición hacia un enfoque más reflexivo y estratégico en el trabajo y la vida. Comprender estas diferencias puede ayudar a las personas a aprovechar al máximo sus capacidades en las diferentes etapas de la vida.