La violencia armada está resurgiendo en áreas públicas, tanto de día como de noche, con frecuentes disparos y exhibiciones de armas. Esta escalada se vincula a disputas políticas, luchas por el control territorial, extorsión y conflictos personales. Paralelamente, se registra un incremento en los ataques contra la policía, tanto durante operativos como contra patrullas y comisarías. Los agentes se enfrentan a agresiones al intentar realizar arrestos o mantener el orden. La situación plantea interrogantes sobre la seguridad ciudadana y la capacidad de las fuerzas del orden para controlar la proliferación de armas y proteger a sus propios miembros. La creciente impunidad y el temor generalizado son consecuencias directas de esta preocupante tendencia.