Inaugurado el 7 de agosto de 2004, poco antes de los Juegos Olímpicos de Atenas, el puente Río-Antirrio ha supuesto un hito en la infraestructura griega. Esta estructura conecta el Peloponeso con Grecia Central, facilitando significativamente el transporte de personas y mercancías. Su construcción respondió a la necesidad de agilizar las conexiones entre ambas regiones, tradicionalmente complicadas por la necesidad de largos rodeos marítimos. En las dos décadas transcurridas desde su apertura, el puente ha impactado positivamente en la economía del país, impulsando el comercio y el turismo. Se considera una obra maestra de la ingeniería que ha reducido drásticamente los tiempos de viaje y mejorado la logística. El puente Río-Antirrio ha demostrado ser una inversión clave para el desarrollo regional y nacional de Grecia.