El nuevo gobierno danés ha realizado una apuesta significativa por la inteligencia artificial (IA) como solución a diversos desafíos sociales. Esta estrategia se basa en el entusiasmo generado por Silicon Valley en torno a la IA. Sin embargo, investigaciones y experiencias previas sugieren que los beneficios de esta tecnología son inciertos. Por el contrario, los riesgos asociados a la IA están ampliamente documentados. La analista Maia Kahlke Lorentzen advierte sobre esta situación, señalando una posible desconexión entre la expectativa política y la realidad científica. La inversión gubernamental se centra en la IA como herramienta para abordar problemas complejos, pero la efectividad de esta aproximación es cuestionada por expertos. Se debate si la adopción de la IA se basa en una evaluación rigurosa de sus implicaciones.