En octubre de 1957, una ministra de Ghana fue víctima de discriminación racial en un restaurante de Dover, Delaware, Estados Unidos. El establecimiento se negó a servirla, generando un incidente diplomático de gran repercusión internacional. El hecho expuso las profundas divisiones raciales existentes en la sociedad estadounidense de la época. La negativa se produjo en un contexto de tensiones raciales y segregación en varios estados del país. El caso provocó una crisis entre Estados Unidos y Ghana, poniendo en evidencia la hipocresía de la nación norteamericana en su política exterior. El incidente es recordado como un símbolo de la lucha por los derechos civiles y la igualdad racial.