El pueblo de Bornstedt, en Sachsen-Anhalt, Alemania, con 780 habitantes y sin presencia de extranjeros, se ha convertido en un feudo para el partido de extrema derecha AfD. A pesar de no registrar actividad criminal, una proporción significativa de sus residentes vota por esta formación política. Los habitantes del pueblo expresan abiertamente sus opiniones, revelando un marcado sesgo ideológico y descontento con la clase política. Lo preocupante es que algunos incluso manifiestan fantasías violentas contra políticos. Este caso pone de relieve la creciente polarización política en áreas rurales de Alemania y el auge de la ultraderecha en contextos de homogeneidad demográfica. La situación de Bornstedt plantea interrogantes sobre las causas del apoyo a la AfD y los riesgos de la radicalización en comunidades aisladas.